La campaña agrícola 2025/26 encuentra al campo argentino en un punto de inflexión. Tras varios ciclos condicionados por la sequía y la inestabilidad macroeconómica, el sistema productivo ingresa en una fase de recomposición apoyada en rendimientos excepcionales de trigo, una expansión sostenida del maíz y un arranque más lento de la soja. El panorama exige decisiones de manejo y comerciales cada vez más finas por parte de productores, asesores y exportadores, en un contexto de elevada volatilidad de precios internacionales y cambios en la política de derechos de exportación.
Las estimaciones privadas apuntan a una cosecha récord de trigo para 2025/26, cercana a los 24 millones de toneladas e incluso algo por encima, impulsada por rendimientos muy por encima de la media histórica en los principales núcleos trigueros. El salto en productividad tiene como base la recomposición hídrica posterior a la sequía, el uso más intensivo de tecnología —fertilización balanceada, genética mejorada y manejo sanitario oportuno— y una ventana climática que, hasta el momento, viene acompañando el llenado de grano en la mayor parte de la región pampeana.
En paralelo, las proyecciones de maíz consolidan al cereal como uno de los pilares de la rotación argentina. Las estimaciones de producción se ubican en torno a los 60 millones de toneladas para la nueva campaña, apuntaladas por una expansión del área sembrada respecto del ciclo previo y por paquetes tecnológicos de alto rendimiento en los planteos de punta. El maíz gana terreno frente a la soja no solo por cuestiones agronómicas —mejora de estructura de suelos, control de malezas y aporte de rastrojos—, sino también por su rol estratégico en la generación de divisas y en la provisión de insumos para la cadena de carnes y la industria bioenergética.
La contracara del buen desempeño de trigo y maíz es una siembra de soja que avanza con demoras respecto de campañas anteriores. A mitad de noviembre, el progreso de implantación se ubica claramente por debajo del promedio de los últimos cinco años y con brechas interanuales significativas en algunas subregiones clave. El exceso de humedad en sectores de la zona núcleo y, en otros casos, la necesidad de esperar la liberación de lotes de trigo tardío están postergando la entrada de la sembradora, obligando a revisar fechas de siembra y densidades para no resignar potencial de rendimiento.
Desde el punto de vista agronómico, la combinación de trigo récord, maíz en expansión y soja demorada plantea desafíos concretos para la planificación de rotaciones y el manejo integrado de plagas, enfermedades y malezas. La alta proporción de gramíneas en el esquema rotacional mejora la cobertura del suelo y la reposición de carbono, pero también exige una vigilancia más estricta sobre la evolución de resistencias en malezas problemáticas y una calibración cuidadosa de estrategias de control para evitar solapamientos de modos de acción. Al mismo tiempo, la soja de primera que se implanta tarde tiende a acortar su ciclo efectivo, lo que obliga a ajustar elección de grupos de madurez, fechas de siembra y densidades para sostener techos productivos aceptables.
En materia de nutrición, el salto en rendimientos demanda una reposición más agresiva de nutrientes. En trigo, los planteos de alta productividad están llevando las dosis de nitrógeno y azufre a niveles históricamente elevados, mientras que en maíz se consolida el uso de esquemas balanceados de nitrógeno, fósforo, azufre y, en algunos ambientes, zinc y otros micronutrientes. El desafío es lograr que la mayor inversión en fertilización se traduzca efectivamente en kilos adicionales de grano, evitando pérdidas por desajustes en el momento de aplicación, la elección de la fuente o la falta de sincronía con la demanda del cultivo.
La gestión del agua se vuelve otro componente central del rompecabezas. La campaña actual combina reservas hídricas holgadas en los perfiles con eventos de lluvia de distribución irregular. En trigo, esto ha permitido sostener rindes muy por encima de la media, pero en soja la combinación de suelos con napa alta y excesos temporarios puede complicar la emergencia y favorecer la aparición de enfermedades de base de tallo y raíz. En maíz, la decisión entre planteos tempranos y tardíos sigue estando fuertemente condicionada por la disponibilidad de agua en el perfil y por la probabilidad de eventos de estrés térmico durante floración.
En el plano económico, el nuevo contexto de política de derechos de exportación agrega una capa adicional de complejidad. La reducción temporaria de alícuotas para varios complejos granarios, seguida de ajustes posteriores, generó ventanas muy concretas para la fijación de precios y el registro de exportaciones. Para el productor, esto se tradujo en oportunidades puntuales para mejorar márgenes mediante ventas anticipadas y coberturas en mercados de futuros, pero también en la necesidad de monitorear de cerca la normativa para evitar quedar descalzado frente a cambios repentinos en la carga tributaria efectiva.
El esquema de márgenes brutos muestra hoy una foto más favorable para trigo y maíz que para soja, especialmente en planteos de alta tecnología ubicados en zonas con buenos rindes esperados. La soja, aun con precios internacionales relativamente firmes, llega a la campaña con una caída del área proyectada y con menores incentivos para expandir superficie, en parte por la volatilidad regulatoria y en parte por la competencia de alternativas como el maíz tardío o incluso algunos cultivos regionales que capturan nichos de mercado específicos. En este marco, muchos planteos empresariales están priorizando la estabilidad de caja y el uso de la soja más como cultivo de ajuste dentro de la rotación que como principal generador de excedentes.
Otro elemento clave para el sector es la disponibilidad y el costo del financiamiento de campaña. La mejora parcial de las expectativas macroeconómicas y la normalización de algunas variables financieras han permitido cierta recomposición del crédito comercial y bancario, pero las tasas reales continúan siendo un factor restrictivo para una parte importante de los productores. En este escenario, las tarjetas rurales, los convenios con proveedores de insumos y la prefinanciación de exportaciones se consolidan como herramientas centrales para cerrar el paquete tecnológico sin descapitalizar la empresa. No obstante, el riesgo cambiario y la incertidumbre regulatoria obligan a un manejo prudente del endeudamiento.
La logística también entra en zona de tensión ante la perspectiva de una cosecha gruesa abundante. Trigo récord y maíz en expansión implican más camiones, más presión sobre la red vial, los accesos portuarios y la capacidad de almacenamiento en origen y destino. Las decisiones de embolsado en campo, el uso de plantas de acondicionamiento y la coordinación con acopios y exportadores serán determinantes para evitar cuellos de botella y costos adicionales por esperas, demoras o sobreestadías. En paralelo, las empresas deben seguir invirtiendo en trazabilidad y cumplimiento de estándares de calidad exigidos por los mercados más exigentes.
Desde la perspectiva del comercio exterior, la campaña 2025/26 se perfila como una oportunidad para recuperar participación en mercados clave y consolidar la reputación de Argentina como proveedor confiable de granos y subproductos. Un trigo de calidad con volúmenes récord, sumado a un maíz competitivo en precio y volumen, permite recomponer la presencia en destinos tradicionales y abrir espacio en mercados que habían sido ocupados por competidores durante los años de sequía. Sin embargo, el aprovechamiento pleno de esta ventana requiere previsibilidad regulatoria, seguridad jurídica y reglas de juego estables que permitan planificar embarques y contratos con horizonte de mediano plazo.
Para los asesores técnicos y gerentes de producción, la campaña obliga a profundizar la gestión por ambiente y por lote. El avance de herramientas de agricultura digital, la disponibilidad de mapas de rendimiento históricos, imágenes satelitales de alta resolución y modelos de estimación de productividad permiten ajustar densidades, dosis de fertilización y decisiones de protección de cultivos en función de la respuesta esperada de cada ambiente. Esa granularidad en la toma de decisiones es la que marca la diferencia entre planteos que solo capturan el rebote productivo y aquellos que logran transformar un año favorable en un verdadero salto de competitividad.
En este contexto, la gestión del riesgo adquiere un rol protagónico. La combinación de seguros agrícolas multirriesgo, coberturas climáticas paramétricas y estrategias de diversificación de cultivos y fechas de siembra permite acotar el impacto económico de eventos adversos como heladas tardías, granizos o olas de calor en momentos críticos. Al mismo tiempo, la cobertura de precios mediante futuros y opciones, complementada con contratos a fijar y ventas escalonadas, ayuda a amortiguar la volatilidad de los mercados internacionales, especialmente en un escenario geopolítico global atravesado por conflictos, restricciones comerciales cruzadas y variaciones abruptas en la demanda.
La sustentabilidad, por su parte, deja de ser un tema marginal para convertirse en un determinante de acceso a mercados y financiamiento. Cada vez más, los compradores internacionales demandan información detallada sobre la huella de carbono de los granos y subproductos, el manejo de suelos y la preservación de áreas de alto valor ambiental. Para los establecimientos que ya vienen trabajando con rotaciones intensivas, siembra directa bien manejada y uso racional de insumos, la campaña 2025/26 es una oportunidad para capitalizar esas buenas prácticas, certificar procesos y capturar primas de precio o condiciones financieras más favorables asociadas a la producción sustentable.
Mirando hacia adelante, el gran desafío para el agro argentino será transformar esta campaña promisoria en un punto de partida y no en una excepción. Eso implica sostener la inversión en tecnología, consolidar esquemas de asociativismo que permitan ganar escala en comercialización y logística, y seguir profesionalizando la gestión de las empresas, independientemente de su tamaño. También supone continuar dialogando con el sistema financiero y con la política para construir un marco de previsibilidad que respete los ciclos de inversión del sector y reconozca su rol estratégico en la generación de divisas, empleo y desarrollo territorial.
La foto de hoy muestra un trigo que se encamina a romper récords, un maíz que afirma su protagonismo y una soja que corre de atrás pero puede recuperar terreno si el clima acompaña a partir de diciembre. El trabajo de productores, asesores, contratistas, acopios y exportadores consistirá en convertir esa foto en una película de crecimiento sostenido, donde cada decisión de manejo y cada estrategia comercial contribuyan a consolidar un agro más competitivo, resiliente y alineado con las demandas de un mercado global cada vez más exigente.