Ir a página principal
Actualidad Agraria — Información y análisis del sector agropecuario

Campaña 2025/26: márgenes, clima y decisiones finas en la agricultura argentina

29 de noviembre de 2025

La campaña agrícola 2025/26 encuentra al productor argentino en un punto de inflexión complejo. Después de una sequía histórica y de una campaña de recuperación con rindes por encima del promedio, el sistema productivo vuelve a enfrentarse a un escenario donde la combinación de costos altos, precios internacionales volátiles y señales climáticas mixtas obliga a revisar cada decisión con lupa. No se trata solamente de definir la secuencia de cultivos, sino de ajustar densidades, tecnología de insumos, estructura financiera y estrategia comercial a un contexto que promete buena oferta física, pero con riesgos importantes en materia de márgenes y de clima.

Las proyecciones de producción apuntan a volúmenes muy elevados de maíz, trigo y girasol, con una soja que pierde algo de presencia en el área total pero sigue siendo clave para la generación de divisas y el flujo de caja de muchos establecimientos. El dato central para el profesional del sector es que la campaña se construye sobre perfiles de suelo con muy buena humedad en gran parte del núcleo productivo, producto de varios meses de lluvias por encima de lo normal, pero bajo la sombra de un evento frío en el Pacífico que tiende a recortar precipitaciones en pleno verano y a incrementar la probabilidad de olas de calor. En otras palabras: se arranca con la “batería cargada”, pero con un pronóstico que exige no abusar de esa reserva.

Esta combinación de suelos cargados y riesgo de lluvias por debajo de la media plantea un desafío agronómico clásico: cómo capturar el potencial de rendimiento que ofrecen los buenos nacimientos sin exponerse a pérdidas fuertes si el régimen hídrico se corta en floración o llenado. En maíz temprano, muchos planteos ya están jugados con densidades y fechas definidas; el margen de maniobra está ahora en el manejo de nitrógeno, en la elección de híbridos con buen comportamiento bajo estrés térmico y en la anticipación de aplicaciones que reduzcan competencia de malezas en períodos críticos. En soja de primera y de segunda, el foco pasa por la elección de grupos de madurez y variedades con estabilidad de rendimiento, sumado a un control de malezas y enfermedades que priorice productos eficientes sin sobredosis que encarezcan el costo por hectárea sin retorno claro.

Del lado de los costos directos, la foto sigue tensionada. Los fertilizantes acompañaron parcialmente la baja de las materias primas energéticas, pero se mantienen en niveles que obligan a justificar cada kilo aplicado con un retorno económico concreto. En planteos de alta tecnología, la reposición de nutrientes en lotes con historial de rindes elevados ya no es una opción, sino una condición para sostener la productividad del suelo. Sin embargo, en zonas marginales o campos arrendados con contratos cortos, la tendencia a ajustar dosis por debajo del nivel de reposición vuelve a ganar terreno, con el riesgo de degradar el capital suelo y perder potencial en el mediano plazo. El profesional agrario tiene hoy la tarea incómoda de equilibrar resultados de campaña con preservación del recurso, muchas veces con contratos y tasas financieras que empujan a privilegiar el corto plazo.

Los costos de labores, logística y servicios también presionan. El combustible, aunque más estable que en años anteriores, se combina con tarifas de flete crecientes, peajes y costos de mantenimiento de maquinaria que se dolarizan en la práctica. En explotaciones medianas y grandes, la decisión entre integrar servicios (propia maquinaria) o tercerizar cobra relevancia estratégica. Tercerizar reduce inmovilización de capital pero expone a cuellos de botella operativos en ventanas de siembra o cosecha cada vez más ajustadas por la variabilidad climática. Invertir en maquinaria propia, por el contrario, exige volumen, planificación de uso a escala regional y capacidad de negociación financiera que no todos los productores tienen. La profesionalización de los contratistas, con estructuras de costo calculadas al detalle, obliga a conocer con precisión el costo real por hectárea de cada alternativa.

En este contexto, los márgenes brutos proyectados para los principales cultivos muestran una foto heterogénea según zona, nivel de tecnología y condición de tenencia de la tierra. En campos propios con estructura financiera ordenada, el maíz de alto rendimiento continúa siendo una apuesta atractiva, especialmente cuando se integra con ganadería o bioenergía. En campos alquilados con cánones altos considerados en quintales fijos, el riesgo de un verano seco puede transformar un planteo de alta inversión en un negocio de alta exposición. La soja, con menor costo directo y mayor flexibilidad en fechas de siembra, vuelve a ser la opción refugio en muchas zonas, aunque con rendimientos económicos más ajustados si los precios internacionales retroceden algunos dólares adicionales.

La señal climática asociada al enfriamiento del Pacífico obliga a revisar los supuestos de rinde en los presupuestos. No alcanza con cargar un escenario “optimista” y otro “pesimista”: es necesario construir curvas de probabilidad que integren la distribución histórica de rindes por ambiente, la sensibilidad de cada híbrido o variedad al estrés hídrico y térmico y la capacidad de respuesta del sistema de manejo ante un cambio abrupto en las precipitaciones. Herramientas de simulación de cultivos, modelos climáticos regionales y redes de estaciones meteorológicas privadas aportan insumos valiosos, pero la interpretación sigue siendo un arte que exige conocimiento local y experiencia a campo. El profesional técnico no puede limitarse a repetir un pronóstico general; debe traducirlo en recomendaciones específicas de densidad, fertilización y fechas de siembra para cada lote.

Un capítulo aparte merece la gestión del riesgo comercial. Con un escenario de gran oferta regional de maíz y trigo y stocks crecientes, los mercados de futuros y opciones ya descuentan una campaña de abundancia relativa. Para el productor, esto se traduce en curvas de precios que premian las coberturas tempranas y castigan la espera pasiva en cosecha. La estrategia de vender por anticipado una parte de la producción, asegurar pisos de precio mediante puts o fijar bases con contratos a término se vuelve central para estabilizar márgenes. La tentación de esperar “un rebote” sin herramientas de cobertura puede ser costosa si la combinación de buena cosecha global y riesgo climático local termina en rindes sólo aceptables y precios deprimidos. El negocio agrícola de escala demanda hoy una gestión financiera tan sofisticada como la agronómica.

La estructura financiera de las empresas agropecuarias también atraviesa una transición. La mejora de los volúmenes exportables abre la puerta a recomponer capital de trabajo y reducir parte del endeudamiento acumulado tras la sequía, pero las tasas de interés reales elevadas y la volatilidad del tipo de cambio obligan a calibrar cuidadosamente plazos y monedas. Financiar insumos en dólares con ingresos futuros también en dólares puede tener sentido si se respetan márgenes razonables y se evita apalancarse por encima de la capacidad de repago en escenarios de rinde medio. Por el contrario, asumir deuda de corto plazo en monedas indexadas a inflación sin un flujo de caja asegurado puede derivar en problemas serios si el clima recorta producción. Nuevamente, la clave está en la integración de la mirada contable con la agronómica.

En el nivel de manejo del lote, la campaña 2025/26 ofrece oportunidades concretas para quienes lean a tiempo la combinación de clima y precios. En zonas con alta carga de agua en el perfil, los planteos de doble cultivo trigo/soja o cebada/soja permiten capturar mejor la radiación disponible y diversificar riesgos entre invierno y verano. Para que estos esquemas funcionen, es imprescindible un manejo ajustado de fechas de siembra, variedades de ciclo adecuado y una fertilización balanceada que contemple tanto los requerimientos del cereal como de la oleaginosa posterior. En maíz temprano, aprovechar la humedad acumulada exige sembrar en fechas óptimas, con cuidado de no saturar el lote con densidades excesivas que eleven la demanda hídrica en períodos donde las lluvias podrían recortarse.

El control de malezas resistentes y tolerantes sigue siendo otro frente crítico. La combinación de gramíneas y latifoliadas con diferentes mecanismos de resistencia exige rotación de principios activos, mezclas inteligentes y un diagnóstico preciso de la flora presente en cada lote. La presión de costos puede llevar a reducir aplicaciones o a simplificar esquemas, pero hacerlo sin respaldo técnico suele derivar en fallas de control que terminan encareciendo el sistema en campañas siguientes. El profesional agrario debe insistir en monitoreos frecuentes, mapas de malezas y planes de manejo plurianuales que incorporen rotación de cultivos y cultivos de servicio para disminuir el banco de semillas y mejorar la estructura del suelo.

La sanidad de los cultivos también se reconfigura bajo un escenario de calor intenso y humedad variable. En trigo y cebada, la campaña de altos rindes suele ir acompañada de una mayor incidencia de enfermedades foliares y de espiga, con impacto directo en calidad comercial. En maíz y soja, las olas de calor combinadas con períodos de alta humedad relativa pueden favorecer enfermedades de tallo y raíz, además de hongos que afectan la calidad de grano en cosecha y almacenaje. La recomendación técnica pasa por anticipar monitoreos, seleccionar híbridos y variedades con buen perfil sanitario y ajustar el momento de las aplicaciones para llegar con el producto en la ventana de máxima eficacia. El control calendarizado sin diagnóstico pierde sentido en un contexto donde cada aplicación tiene un costo significativo en dólares por hectárea.

Otro aspecto que gana relevancia en esta campaña es la infraestructura de almacenamiento en origen. Con volúmenes crecientes de producción y rutas saturadas en picos de cosecha, disponer de capacidad propia de silos o bolsas en el establecimiento se transforma en una ventaja competitiva. Permite vender escalonadamente, evitar descuentos por saturación de acopios y ganar flexibilidad en la logística. Sin embargo, esa ventaja sólo se materializa si el manejo de cosecha, secado y aireación se realiza con protocolos estrictos, evitando daños mecánicos y problemas de calidad que pueden transformar un grano de alta calidad en mercadería con penalidades. La profesionalización del manejo poscosecha es tan importante como la precisión en la siembra.

La dimensión ambiental y social del negocio agropecuario también entra en la ecuación de la campaña 2025/26. Mercados más exigentes en materia de huella de carbono, trazabilidad y prácticas sustentables empiezan a condicionar el acceso a determinados nichos de exportación y a sistemas de financiamiento verde. Esto impacta en decisiones concretas: intensificar la siembra directa real (no sólo nominal), incorporar cultivos de servicio, reducir el uso de insumos de alta huella ambiental cuando existan alternativas equivalentes y mejorar el registro de prácticas a nivel de lote. Para el asesor técnico, esto implica incorporar indicadores ambientales en los informes de campaña y no limitarse a la clásica planilla de rinde y margen.

Desde la perspectiva de los trabajadores del sector, la complejidad creciente del sistema productivo demanda más capacitación y protocolos claros. La operación de maquinaria con agricultura de precisión, el manejo seguro de agroquímicos, la lectura de monitores de rendimiento y la interpretación básica de pronósticos climáticos ya no son tareas reservadas a un grupo reducido de especialistas. La empresa que invierte en formación y en esquemas de trabajo que integren la experiencia de operarios y técnicos reduce errores, mejora la seguridad y aumenta la eficiencia operativa. En un contexto de ventanas de trabajo cortas y alta dependencia de decisiones tomadas en tiempo real, contar con equipos de trabajo entrenados es tan importante como disponer de maquinaria moderna.

El entramado institucional y normativo completa el escenario. Cambios en los derechos de exportación, en los esquemas de reintegros o en los requisitos para acceder a financiamiento pueden alterar en pocas semanas la ecuación económica de un planteo. La empresa agropecuaria profesional necesita hoy una lectura permanente de la regulación, con capacidad para ajustar decisiones comerciales y de inversión ante nuevas normativas. Esto implica desarrollar vínculos más fluidos entre el área técnica, el área administrativa y los asesores legales y tributarios, de modo que las decisiones de campo se tomen con información completa sobre su impacto económico y regulatorio.

Frente a este panorama, la conclusión central para el trabajador y el especialista agrario es que la campaña 2025/26 no admite improvisaciones. El punto de partida es favorable en términos productivos, pero los riesgos climáticos, comerciales y financieros son significativos. La clave estará en combinar un diseño agronómico ajustado a cada ambiente con una estrategia comercial activa y una gestión financiera prudente. Quien logre integrar estas tres dimensiones —suelo, mercado y finanzas— con equipos de trabajo capacitados tendrá más chances de capturar el potencial de una campaña que puede marcar un antes y un después en la reconstrucción del capital productivo del agro argentino.

En definitiva, la agricultura argentina llega a esta campaña con herramientas tecnológicas avanzadas, mejores perfiles hídricos y mercados que aún demandan sus productos, pero bajo la presión de un clima desafiante y de una macroeconomía inestable. Convertir esa combinación en una oportunidad requiere profesionalismo, disciplina en la ejecución y una visión de mediano plazo que trascienda la urgencia del próximo balance. El desafío está planteado: transformar una campaña con buen potencial físico en una campaña económicamente sustentable y ambientalmente responsable, capaz de sostener en el tiempo la competitividad del sector y el rol del agro como motor de desarrollo.

Octavio Chaparro

Aviso legal: Este texto es obra original de su autor y se encuentra protegido por la legislación internacional de propiedad intelectual. Queda prohibida su reproducción total o parcial, distribución o comunicación pública sin autorización expresa del titular.

Ir a página principal